Los 500 prompts que te solucionarán la vida

La falsa solución en la era de la IA

J.P. Aravena

10/21/20252 min read

Actualmente la fascinación por la inteligencia artificial es colectiva. Desde las firmas más prestigiosas hasta emprendedores recién llegados al mundo legaltech, todos parecen tener algo que decir —y vender— sobre cómo la IA puede transformar nuestra forma de trabajar. Y dentro de ese entusiasmo generalizado, ha surgido un fenómeno tan curioso como preocupante: las listas milagrosas de prompts.

“500 prompts que te solucionarán la vida”, “100 comandos para abogados”, “los 50 prompts definitivos para ChatGPT”. Todos los días aparecen nuevas versiones de este producto de moda. Pero ¿qué hay detrás de esas promesas?

La idea de que bastan unas pocas frases mágicas para obtener resultados jurídicos de calidad profesional es, en el mejor de los casos, ingenua; en el peor, deshonesta.

Muchas de esas listas se construyen a partir de recomendaciones generadas por la propia IA, sin experiencia humana detrás, ni pruebas reales en contextos jurídicos concretos. Es decir, no surgen del trabajo de abogados que hayan testeado y ajustado esos prompts frente a documentos reales, audiencias, escritos o requerimientos formales. Se limitan a repetir fórmulas estandarizadas, supuestamente universales, pero que en la práctica no superan la barrera de lo genérico.

Cuando hablamos de “prompts de limitada extensión”, nos referimos a instrucciones superficiales: una línea, una frase vaga o un comando generalista. Como ya lo hemos dicho antes, la IA puede ser poderosa, pero sin contexto, sin estructura y sin precisión, sus respuestas serán igual de vagas que su punto de partida.

No todas las bibliotecas de prompts son malas. Existen proyectos serios —académicos, institucionales o incluso personales— donde se comparten prompts probados, comentados y ajustados a tareas reales: redacción de alegatos, análisis de jurisprudencia, comparación normativa, generación de minutas o clasificación de evidencia.

El problema surge cuando la intención detrás no es compartir conocimiento, sino aprovechar la tendencia. En otras palabras: cuando la lista se convierte en un producto de marketing más que en una herramienta profesional.

Por lo tanto, lo que deberíamos preguntarnos no es si el prompt funciona en abstracto, sino cuánta distancia existe entre esa instrucción y el uso que realmente harás de ella.

¿Está adaptada a la legislación chilena o solo traduce un contexto anglosajón?

¿Considera el lenguaje jurídico, los formatos procesales o las convenciones propias del país?

¿Fue elaborada por un abogado, o por una IA que solo reproduce el patrón de otras listas previas?

La respuesta a estas preguntas marca la frontera entre una herramienta útil y una promesa vacía.

No se trata de rechazar las bibliotecas de prompts (seguramente pronto habrá una en este sitio web). Todo lo contrario: son un excelente punto de partida para construir las propias. Lo que debe evitarse es la fe ciega en las soluciones prefabricadas.

Así como ningún abogado debiera copiar un modelo de escrito sin adaptarlo al caso concreto, tampoco debería usar un prompt sin entender su estructura, alcance y limitaciones.

La verdadera inteligencia artificial aplicada al Derecho no consiste en recitar comandos, sino en diseñar instrucciones con sentido, contexto y propósito.

Un buen prompt jurídico es el resultado de experiencia profesional, conocimiento técnico y reflexión práctica. No se compra en una lista: se construye, se prueba, se corrige y se perfecciona con cada caso.